Cambiar las ventanas de casa puede parecer una decisión bastante sencilla hasta que empezamos a comparar opciones. De repente aparecen términos como PVC, aluminio, rotura de puente térmico, doble acristalamiento, perfiles, cámaras de aire, estanqueidad o transmitancia térmica. Si estamos realizando una reforma y no conocemos demasiado este sector, es completamente normal que terminemos preguntándonos qué material deberíamos elegir y hasta qué punto existe realmente una diferencia entre una alternativa y otra.
La respuesta no consiste simplemente en afirmar que el aluminio es mejor que el PVC o al contrario. Las prestaciones de una ventana dependen del conjunto formado por los perfiles, el acristalamiento, el sistema de apertura, la fabricación y la instalación. Además, debemos tener en cuenta dónde vivimos, la orientación de la vivienda, el ruido exterior, el tamaño de los huecos y el presupuesto disponible. Dos casas pueden necesitar soluciones diferentes aunque aparentemente tengan ventanas muy parecidas.
Lo más útil es dejar de buscar cuál es el mejor material en términos absolutos y empezar a preguntarnos qué necesitamos conseguir. Quizá nuestra prioridad sea reducir la entrada de ruido porque vivimos junto a una calle transitada, mejorar el aislamiento térmico de una habitación especialmente fría o sustituir unos cerramientos antiguos que dejan pasar aire. Tener claras estas necesidades hará que comparar aluminio y PVC resulte mucho más sencillo.
Una buena ventana depende de mucho más que el material del marco
Cuando observamos una ventana solemos diferenciar principalmente dos elementos, el marco y el cristal. Sin embargo, detrás encontramos un sistema bastante más complejo. Los perfiles tienen una estructura determinada, existen juntas que permiten mejorar la estanqueidad, herrajes responsables de la apertura y el cierre y diferentes soluciones de acristalamiento. Por eso dos ventanas fabricadas aparentemente con el mismo material pueden ofrecer prestaciones bastante diferentes.
El tipo de apertura también puede modificar el comportamiento de una ventana. Las soluciones abatibles y oscilobatientes funcionan de una manera distinta a las correderas y cada sistema responde a unas necesidades concretas. Una gran puerta que comunica el salón con una terraza no plantea exactamente los mismos requisitos que una pequeña ventana situada en un baño. Antes de elegir debemos pensar tanto en las prestaciones que buscamos como en la forma en la que utilizaremos ese hueco todos los días.
Tampoco deberíamos olvidarnos de la instalación. Podemos comprar una ventana con buenas características técnicas y perder parte de sus ventajas si queda mal colocada o existen puntos por los que se producen infiltraciones de aire. La unión entre la carpintería y el muro tiene importancia, igual que las medidas y la correcta colocación de todos los componentes. Cuando cambiamos las ventanas estamos modificando una parte de la envolvente de nuestra vivienda y conviene observar el conjunto.
El PVC destaca por sus propiedades aislantes
El PVC es uno de los materiales que encontramos habitualmente cuando buscamos ventanas para una vivienda. Una de sus características más conocidas es su capacidad aislante, ya que el propio material presenta una conductividad térmica relativamente baja. Los perfiles modernos cuentan además con diseños interiores formados por diferentes cámaras que contribuyen al comportamiento térmico del conjunto. Esto hace que sea una opción especialmente interesante cuando una de nuestras principales preocupaciones es mejorar el aislamiento.
También encontramos ventanas de PVC con distintos grosores, configuraciones y acabados. Ya no debemos imaginar necesariamente una ventana blanca y sencilla, porque existen diferentes colores y terminaciones que permiten adaptarlas a estilos de vivienda muy variados. Esto resulta importante cuando estamos reformando una casa y queremos mantener cierta coherencia entre las ventanas, la fachada y la decoración interior.
En cuanto al mantenimiento, normalmente no tendremos que realizar grandes trabajos para conservar los perfiles en buenas condiciones. Una limpieza periódica suele ser suficiente para retirar polvo y suciedad, aunque los herrajes y juntas también merecen cierta atención con el paso del tiempo. Como ocurre con cualquier ventana, su duración dependerá de la calidad del producto, de la instalación, del uso que hagamos de ella y de las condiciones ambientales a las que esté expuesta.
El aluminio ofrece resistencia y perfiles que pueden ser muy estilizados
El aluminio lleva muchísimo tiempo utilizándose en carpintería exterior y sigue teniendo una presencia importante en viviendas y edificios. Entre sus ventajas encontramos su resistencia y las posibilidades que ofrece para fabricar cerramientos de diferentes dimensiones y diseños. Los perfiles pueden ser relativamente finos, algo especialmente interesante cuando buscamos grandes superficies acristaladas y queremos reducir visualmente la presencia de la estructura.
Esta característica puede tener un efecto estético importante. Cuando disponemos de una terraza con buenas vistas o queremos conseguir que entre mucha luz natural, reducir la cantidad de perfil visible puede ayudarnos a crear una sensación de mayor apertura. Evidentemente, esto dependerá del sistema concreto que instalemos y de las dimensiones del cerramiento. No todas las ventanas de aluminio tienen perfiles iguales ni ofrecen las mismas prestaciones.
Uno de los aspectos que debemos conocer es que el aluminio conduce el calor con mayor facilidad que un material como el PVC. Para mejorar su comportamiento térmico existen sistemas con rotura de puente térmico, conocidos habitualmente por las siglas RPT. De manera sencilla, incorporan un elemento de baja conductividad entre las partes interior y exterior del perfil para dificultar la transmisión térmica. Por eso, cuando comparemos ventanas de aluminio, conviene saber si incorporan este sistema y qué prestaciones ofrece el conjunto.
El aislamiento térmico puede ayudarnos a decidir, pero debemos mirar toda la ventana
Cuando queremos mejorar el confort de nuestra vivienda es lógico que prestemos mucha atención al aislamiento. Una ventana forma parte de la separación entre el interior y el exterior y puede influir en las pérdidas o ganancias de calor. Sin embargo, fijarnos únicamente en si el marco está fabricado con aluminio o PVC nos proporciona una información incompleta. También tenemos que observar el cristal y las prestaciones globales de la ventana.
Podemos encontrarnos con doble o triple acristalamiento, diferentes espesores, cámaras entre los vidrios y tratamientos destinados a modificar determinadas prestaciones. La combinación elegida dependerá de lo que necesitemos. En una vivienda muy expuesta al sol puede ser interesante controlar las ganancias solares, mientras que en otro caso nuestra principal preocupación puede ser conservar mejor el calor interior durante los meses fríos. No existe una configuración idéntica para todas las viviendas.
También debemos recordar que mejorar las ventanas modifica el comportamiento de la casa. Una vivienda con cerramientos antiguos puede tener numerosas infiltraciones de aire y, al sustituirlos por sistemas mucho más estancos, será todavía más importante ventilar correctamente. Conseguir una casa mejor aislada no significa mantenerla permanentemente cerrada, sino controlar mejor cuándo intercambiamos aire con el exterior y evitar que ese intercambio se produzca continuamente por rendijas que no podemos controlar.
El aislamiento acústico no depende solamente de utilizar PVC o aluminio
El ruido es otra de las razones habituales para cambiar unas ventanas. Quienes vivimos o hemos vivido cerca de tráfico intenso sabemos que una ventana puede marcar una diferencia considerable en la sensación de tranquilidad dentro de casa. Sin embargo, pensar que escoger un determinado material eliminará automáticamente el ruido sería simplificar demasiado el problema. El aislamiento acústico depende del conjunto de la ventana y también de cómo esté instalada.
El acristalamiento adquiere aquí una importancia especial. Existen diferentes composiciones de vidrio destinadas a mejorar el comportamiento acústico y la solución adecuada dependerá también del tipo de ruido al que estamos expuestos. A ello debemos sumar la estanqueidad del cerramiento. Si existen pequeñas entradas de aire alrededor de la ventana, el sonido puede encontrar precisamente en ellas una vía para penetrar en la habitación.
Por eso, cuando nuestra prioridad sea reducir el ruido, conviene explicarlo claramente antes de elegir. No deberíamos limitarnos a pedir una ventana de PVC o una de aluminio. Podemos indicar si vivimos junto a una carretera, una zona de ocio, un aeropuerto o simplemente una calle con bastante movimiento. Conocer el problema que intentamos solucionar permite estudiar perfiles, acristalamientos y sistemas de apertura teniendo en cuenta nuestras necesidades reales.
Antes de elegir tenemos que pensar en nuestra vivienda concreta
Llegados a este punto podemos hacernos algunas preguntas sencillas. ¿Nuestra casa recibe mucho sol durante buena parte del día? ¿Vivimos en una zona húmeda o próxima al mar? ¿Tenemos grandes ventanales o huecos pequeños? ¿Nos preocupa especialmente el ruido? ¿Queremos mantener una estética concreta? ¿Necesitamos mejorar el aislamiento de toda la vivienda o solamente de algunas habitaciones? Las respuestas pueden orientarnos bastante mejor que una comparación basada únicamente en el nombre del material.
Según explican en Alutecnic Balear, dentro de la carpintería exterior podemos encontrar ventanas de aluminio con y sin rotura de puente térmico, además de diferentes soluciones de PVC, sistemas abatibles, oscilobatientes y correderos. En sus explicaciones sobre ambos materiales destacan el carácter aislante del PVC y, en el caso del aluminio, la posibilidad de utilizar distintos sistemas de rotura de puente térmico y perfiles más estilizados. Esta variedad nos ayuda a comprender que la elección no debería reducirse únicamente a decidir entre aluminio o PVC, sino que también tenemos que comparar la configuración concreta de cada ventana.
También podemos fijarnos en varios aspectos antes de tomar una decisión:
- El nivel de aislamiento térmico que necesitamos
- El ruido exterior al que está expuesta la vivienda
- El tamaño de las ventanas y puertas
- El sistema de apertura que nos resulta más cómodo
- La orientación y la exposición al sol
- El acabado y el color que buscamos
- El mantenimiento que queremos realizar
- Las características del acristalamiento
El cristal puede cambiar tanto las prestaciones como el propio marco
Podemos dedicar mucho tiempo a discutir entre PVC y aluminio y terminar prestando poca atención a una superficie que ocupa la mayor parte de muchas ventanas, el vidrio. En un ventanal grande, la proporción de cristal puede ser muchísimo mayor que la de perfil. Por eso las características del acristalamiento influyen de manera directa en cuestiones como el aislamiento térmico, el control de la radiación solar, la seguridad y la reducción del ruido.
No todos los dobles acristalamientos son iguales. Podemos encontrar diferentes espesores de vidrio y distintas cámaras, además de tratamientos de baja emisividad o control solar. La configuración adecuada debe elegirse teniendo en cuenta la orientación y las necesidades de la vivienda. Una ventana situada al norte puede plantear unas condiciones distintas a las de un gran ventanal orientado hacia una zona que recibe muchas horas de sol directo.
Incluso podemos necesitar soluciones diferentes dentro de una misma casa. El salón puede tener grandes superficies acristaladas y una exposición solar importante, mientras que un dormitorio situado hacia una calle transitada puede necesitar especial atención al aislamiento acústico. Elegir exactamente la misma configuración para todas las ventanas por comodidad no siempre será la opción más adecuada. Lo importante es buscar cierta coherencia sin olvidar que cada estancia puede plantearnos necesidades distintas.
No existe un ganador absoluto entre aluminio y PVC
Después de comparar ambos materiales podemos llegar a una conclusión bastante sencilla. No existe una respuesta universal que convierta al aluminio o al PVC en la opción correcta para cualquier vivienda. El PVC puede resultar especialmente interesante por sus propiedades aislantes y su reducido mantenimiento, mientras que el aluminio ofrece resistencia, numerosas posibilidades de diseño y soluciones con perfiles estilizados, además de sistemas con rotura de puente térmico destinados a mejorar sus prestaciones.
La decisión tampoco debería tomarse únicamente mirando el precio inicial. Si vamos a cambiar unas ventanas que esperamos utilizar durante muchos años, merece la pena valorar el conjunto. Podemos comparar prestaciones térmicas y acústicas, calidad del acristalamiento, herrajes, facilidad de uso, mantenimiento, garantías e instalación. Una alternativa ligeramente más cara puede tener sentido si responde mejor a nuestras necesidades, pero tampoco deberíamos pagar por características que realmente no necesitamos.
Personalmente, antes de elegir pediría varias opciones claramente explicadas y compararía ventanas completas en lugar de materiales aislados. Saber qué perfil se utilizará, qué cristal llevará, cómo abrirá y qué prestaciones ofrece el conjunto nos permitirá decidir con mucha más información. Al final, elegir entre aluminio y PVC no debería convertirse en una competición entre dos materiales, sino en una búsqueda de la ventana que mejor se adapte a nuestra casa, al clima, al uso que hacemos de cada estancia y al nivel de confort que queremos conseguir.